Yo soy más «vivo» que tú
Cuando miramos a nuestro alrededor y nos damos cuenta de que hemos tenido suerte de haber nacido en una región y un país con tanto potencial, nos sentimos bendecidos por alguna gracia divina, elegidos para caminar en dirección de un empoderamiento global sin parangón; ese es el sueño de Latinoamérica y del Perú. Sin embargo, la historia ha sido más difícil y distinta. ¿Por qué? Porque si bien somos una promesa brillante como región y país por las grandes macrocifras económicas que se emiten cada día, no hemos logrado combatir la pobreza y la desigualdad como debe ser, trayendo como consecuencia la violencia, por ejemplo, Latinoamérica es una de las regiones con menos seguridad en el mundo y seis de los países con más violencia que no se encuentran en guerra están aquí. Solo tenemos que echar un vistazo a las cifras de la consultora Verisk Maplecroft sobre la región para darnos cuenta de esto. Y claro, para colocarle la cereza al pastel, en estos tiempos dos grandes escándalos han marcado la agenda, los «Panamá Paper» y el caso Odebrecht; qué tienen en común, pues que son dos de los casos de corrupción más alarmantes que tenemos actualmente, uno por evasión tributaria en paraísos fiscales y otro por pagos de sobornos para adjudicarse obras millonarias.
Porque ese es el tema, la corrupción, la madre del cordero; flagelo que castiga al pueblo y no le permite progresar, que nos obliga a acostumbrarnos a que así son las cosas en el vida, que si no pagas, no tienes un amigo por ahí o te haces de la vista gorda, no lograras nada en la vida. Esta enfermedad, solo comparada con el cáncer, no permite la consolidación de instituciones fuertes y democráticas que supuestamente nos tienen que defender y genera que las esferas más altas del poder se manejen como una mafia, tanto públicas como privadas; dando como resultado todo tipo de estancamientos y violencia, generadora infinita de pobreza y desigualdad.
En el caso del Perú, hemos tenido suerte de que la justicia brasileña haya salpicado hasta aquí, de lo contrario nada hubiera pasado. ¿Qué nos dice esto? Que el cáncer de la corrupción ha infectado todo el país, y cuando digo todo lo es todo, desde la coima a un policía, hasta el pago a un presidente; es por esto que el Perú nunca va a crecer como debe ser, porque estamos infectados en todos los niveles (pueblo, policía, ejercitó, ejecutivo, judicial, congreso, etc.). ¿Qué esperanza tenemos entonces? ¿En quién podemos confiar? Es hora de que limpiemos de nuestra cabeza el gen del «vivo» o el «mosca» y entendamos que solo podemos confiar en nosotros mismos. Porque desde ahí viene el cambio; por tanto, exigir al Congreso, elegido por el pueblo, que de una vez por todas promulgue leyes más duras para estos casos, por ejemplo, eliminar la prescripción de todos los delitos, las faltas graves como estas no pueden caducar, la justicia no puede tener fecha de vencimiento, eso es imposible en un país democrático.
Toledo cayó, pero faltan otros, muchos más, que ahora desde lejos o desde arriba nos miran y se ríen, porque a ellos nadie los toca, porque fueron más inteligentes, porque tienen más amigos, porque saben y están seguros que los peruanos no reclamarán y hasta los defenderán, cegados por sus mentiras y porque saben que esto de la corrupción viene desde abajo hasta arriba.
Según la ONG Transparencia Internacional el índice de corrupción ha aumentado en Latinoamérica, esto tiene que acabar; derecha, izquierda o centro, ricos o pobres, esto va más allá, esto está en todos lados. Si no exigimos un cambio fundamental en esta coyuntura, estaremos condenados a ser una simple promesa, como país y región. En estos tiempos, en donde el mundo avizora cambios muy difíciles y caóticos, no podemos permitir más esto, se lo debemos a las futuras generaciones .



Comentarios
Publicar un comentario